viernes, 23 de diciembre de 2011

CAPÍTULO 9

VIVES EN MIS SUEÑOS, LITERALMENTE

Ese día pasó rápido. Tal como lo imaginé Alonzo volvió a la enfermería y me acompañó durante toda mi estadía que duró hasta la hora del almuerzo. En la tarde me puse al corriente con las asignaturas que había perdido por culpa de mi desmayo, estaba muy cansada, tanto que terminé durmiendo sobre mis libros en el escritorio de la habitación. Y él volvió a aparecer.
—Me hacías falta— le dije mientras me acercaba.
—¿Estás bien?— preguntó Carsten lleno de preocupación, me estrechó entre sus brazos.
—Sí, ¿Por qué  no lo estaría?— pregunté.
—Por tus sueños— respondió.
—Si estos sueños son increíbles, no hay forma de que me hagan daño.
Sonrió y me abrazó con firmeza, fue muy cálido, un abrazo tierno. Coloqué mi rostro sobre su pecho y dejé que acariciara suavemente mi cabellera.
Al cabo de unos instantes desperté de golpe con la voz de Gaby.
—¡Sam, estás demasiado cansada! ¡Eso de deambular por la escuela a medianoche te está afectando! Me encargaré que hoy no salgas de la cama y duermas al menos ocho horas— dijo muy seria.
—¡Qué exageración Gaby!— dije poniéndome de pie.
Pero las fuerzas me vencieron, estuve a punto de caer y mi amiga me contuvo en el aire.
—Te lo digo en serio, hoy no saldrás de la habitación. Además tienes que estar bien para mañana ¿Se te ha olvidado la salida?— preguntó mientras me ayudaba a tomar asiento sobre mi cama.
Es cierto, lo había pasado por alto.
Le hice caso, no quería verla renegar más. Gaby tomaba una actitud maternal conmigo a veces, me ayudó a ponerme el pijama y me recostó  dentro de mi cama.
—Gracias por ser tan buena conmigo— le dije.
Sonrió complacida.
—No tienes que agradecerme nada— respondió.
—Patty y tú son lo mejor que me ha pasado en la vida— agregué.
Sonrió aún más.
—Te quiero Sammy, duérmete, nos espera un largo día.
Luego apagó las luces de nuestra habitación. Dormí al instante, no soñé con nada aunque me hubiera encantado ver a Carsten una vez más, sentirlo cerca, ver sus hermosos ojos, esperaba con ansias soñar nuevamente con él.

El despertador de Patty comenzó a pitar, su molesto sonido se sentía en cada rincón de nuestra habitación. Me levanté y apagué el infernal aparato. Patty se tapaba la cabeza con las mantas.
—Un rato más, por favor— susurraba.
—Muévete dormilona— le dije jalándola de los pies.
Gaby se sentó en su cama al oír los chillidos de Patty. Se frotó los ojos con delicadeza.
—Buenos días chicas— dijo estirándose con pereza y los ojos aun adormilados.
Seguimos la rutina de siempre, pero hoy Gaby se demoró más que de costumbre buscando qué ponerse, claramente quería impresionar a Juanes. Al final decidió ponerse un vestido corto elegante con unos tacones muy bonitos, acompañado de un pañuelo de colores que realzaba su vestimenta. En cuanto a Patty, nunca se preocupaba por nada más que no sea su cabello, en esta ocasión se puso una blusa con corsé ajustado, jeans ceñidos y unas botas de plataforma ancha.
Yo seguía sintiéndome débil, pero lo oculté para no preocupar a mis amigas. Me puse un pantaloncillo corto con mis zapatillas favoritas, una camiseta  sin mangas y una chaqueta corta de jean, el clima hoy estaba bastante bueno para llevar ropa ligera.
Estábamos listas. Terminado el desayuno, todos aguardaban afuera para abordar uno de los buses que nos llevaría a alguna parte de la ciudad. Los Ankh se nos acercaron, sentí un escalofrío al toparme con Arnold y su mirada cargada de malas intenciones, traté  de mantener la calma.
Juanes invitó a Gaby a acompañarlo durante todo el recorrido, la llenó de elogios y ella por supuesto que aceptó. Marco Arturo se llevó a Patty, al parecer lo suyo ya estaba planeado. Arnold se me acercaba  y el pánico en mi interior aumentaba más a cada paso suyo.
—¿Lista para irnos?— dijo intentando tomarme del brazo.
—Lo siento, pero Sam está a mi cargo— interrumpió Alonzo y de un tirón me llevó hacia el ante la mirada de odio de Tatiana que estaba cerca, aparentemente esperándolo para pedirle que la acompañara.
Arnold lo miró con recelo, debía estar escrutando la mente de mi salvador, finalmente dio media vuelta  y abordó el autobús, solo.
—Adelante señorita— dijo Alonzo mientras me invitaba a subir primero.
Puse un pie en el primer escalón del autobús, sentí un ligero mareo, pero una fuerza poderosa entró en mi cuerpo de golpe, como un toque eléctrico que me hizo reaccionar de inmediato.
Disimulé para no preocupar a Alonzo, caminé por el estrecho pasillo y conseguí un par de asientos, me ubiqué al lado de la ventana.
—Gracias por salvarme de Arnold— dije.
—No es nada, si me lo permites me gustaría acompañarte en esta salida.
—Bueno, está bien— dije.
Me dedicó una sonrisa breve.
Nos esperaba un largo viaje desde Blackmount hasta el centro de Blast Ville. Parecía que Alonzo pensaba detenidamente sobre algo, no quería interrumpir, pero tampoco soportaba el silencio.
—¿Qué pasa?— pregunté al fin.
—Ando preocupado por un asunto muy serio— respondió sin verme a los ojos.
Intuí que no debía preguntar más.
Llegamos al centro comercial de Blast Ville. Todos bajaron de los buses y se dispersaron en diversas direcciones mezclándose entre la gente común. Para ellos debía ser bastante novedoso ver un grupo tan selecto de preciosos "humanos";  al fin y al cabo éramos los estudiantes de uno de los dos "internados más exclusivos de la zona" llamaríamos la atención donde sea, todos querían saber quiénes éramos qué hacíamos y cómo vivíamos.
Alonzo me tomó de la mano al bajar del bus, se portó bastante caballeroso.
—¿Sabes que será todo un reto comportarnos como una pareja de adolescentes comunes?— dijo sonriendo ampliamente.
—Me gustan los retos— respondí ¿A qué quiere llegar con esto?
—Entonces ¿Aceptas ser mi novia durante esta salida?— dijo.
—Claro— respondí  sin bacilar.
Alonzo tomó mi mano con delicadeza, enlazó sus dedos con los míos.  Decidimos caminar por las calles viendo los escaparates llenos de cosas, la gente pasar, los autos, la vida humana común y corriente.
No sé por qué lo que dijo Alonzo no tuvo el efecto esperado en mí, se suponía que debía estar muy nerviosa y sonriendo como tonta, pero me mantenía normal sosteniendo con firmeza su mano.
Él me pidió que le aconsejara sobre qué ponerse para una reunión formal que tenía con su familia a lo mejor era eso sobre lo que pensaba tanto. Alonzo disfruta de tener a sus padres viviendo entre los humanos, en cambio, la última vez que vi a los míos fue cuando tenía cinco años, ellos quisieron seguir con su misión de ángeles de la guarda, me dejaron al cuidado de los asistentes sociales de Blackmount y se fueron como si nada. Tal vez sea la causa de mi comportamiento, nunca tuve una mamá que me aconsejara qué debía hacer cuando estaba en problemas, que me enseñara a diferenciar lo bueno y lo malo del mundo común, ni un padre que me protegiera de alguien que quisiera lastimarme, aprendí a cuidarme sola y defenderme con los puños.  Aun así ese par creía que el dinero era suficiente para reemplazar  su presencia, cada mes me enviaban un grueso sobre lleno de billetes de los grandes, me daba asco el sólo hecho de tocarlo, en lo posible evitaba gastarlo, lo guardaba en un cofre con llave en la habitación en un lugar ultra secreto dentro de mi armario.


Entramos a una tienda de ropa para chicos. Alonzo se probó unas camisas muy bonitas, un sombrero de tela a cuadros, corbatas, en fin, todo le queda muy bien, las vendedoras lo miraban con la boca abierta y a punto de babear.
—¿Qué te parece esta?— me preguntó él mostrándome  una camisa color rosa pastel clarísimo.
—No sé por qué preguntas, sabes que todo te sienta bien— respondí siendo sincera.
Sonrió y se dirigió a la caja para pagar por las prendas.
Distraje la mirada hacia afuera de la tienda, vi un café que se me hizo muy interesante. Alonzo apareció a mis espaldas con sus bolsas.
—¿Quieres ir ahí?— preguntó.
Asentí con la cabeza.
El vestido
Salimos de la tienda, pasamos por una boutique. Me quedé mirando un hermoso vestido blanco de fiesta del escaparate principal.
—Es muy bonito— comenté.
—Sí, lo es, pero no te imagino usándolo.
—¿Por qué?
—No es "el estilo de Sam"
—Creo que en el fondo todas las chicas sueñan con verse como una princesa en algún momento.
—No conozco ese lado tuyo.
—Olvídalo— pedí, estaba un tanto molesta.
Entramos al café, ocupamos una mesa con vista a la calle, el mozo se quedó mirándome coqueto, Alonzo se molestó y le plantó una mirada muy seria.
—¿Nos trae el menú por favor?— le dijo al hombre.
Avergonzado, el mozo dio media vuelta y fue a traer las cartillas.
Alonzo me miraba fijamente, me sumergí en el inmenso mar marrón de sus ojos. Sus manos se acercaban lentamente a las mías que estaban sobre la mesa al punto de tocarse levemente, en ese momento me distraje al escuchar la hermosa voz de un chico que cantaba en el mini escenario del café, volteé para verlo, retiré las manos de la mesa sin querer dejando a Alonzo colgado.
Me quedé de una pieza, el chico me miraba fijamente mientras cantaba y tocaba una balada en la guitarra. Dios, ¡Es Carsten!
Le dediqué una gran sonrisa cargada de emoción, respondió igual y siguió mirándome fijamente como la primera vez que nos vimos al lado del río.
A eso se refería el director al decir que Carsten era muy talentoso, tenía la voz más hermosa del planeta, las chicas se quedaban escuchándolo atontadas, quietas, suspirando. Pero él sólo me miraba a mí, era dueña de su completa atención, tanto que sentí que éramos los únicos en el lugar.
Pronto el ritmo de la canción cambió, noté que su banda tocaba rock alternativo con un tono melancólico y sombrío a la vez. Reconocí a Eric en la batería, junto a ellos estaba otro simpático y delgadísimo chico de cabellos castaños tocando el bajo.
El mozo llegó con las cartillas del menú pero no podía concentrarme, quería ver a Carsten pero también tenía que evitar que Alonzo se diera cuenta. Ordenamos unos emparedados, yo pedí una soda y él un café expreso para acompañarlos.
La banda de Carsten terminó de tocar, estaban guardando sus instrumentos para ya retirarse del local.
—Espérame un segundo, vuelvo en seguida— le dije a Alonzo antes de dirigirme a los servicios. Ni siquiera esperé su respuesta, solo caminé. Llegué al lugar,  no había nadie por suerte, abrí el grifo, mojé mi rostro para quitarme el  cansancio que aún tenía encima, al ponerme erguida nuevamente noté la presencia de Carsten a mis espaldas,  pude verlo en el reflejo del espejo que tenía frente a mí. Me volví en su dirección de inmediato, sequé mi rostro torpemente con las mangas de mi chaqueta.
—¡Carsten! es bueno verte de nuevo— dije.
Sonrió y me tomó entre sus brazos de inmediato. Me soltó suavemente rozando con sus manos mi rostro.
—¿Qué haces?— pregunté confundida.
—Si te das cuenta ya nos besamos antes y lo disfruté muchísimo— susurró a mi oído mientras acariciaba mis hombros.
Su voz seductora estremeció mi cuerpo por completo  y casi se me detiene el corazón al sentir sus caricias. Era incapaz de reaccionar, Carsten se acercaba a mí lentamente.
—Carsten, no aquí. Podrían vernos— dije intentando detenerlo.
—No te preocupes, cerré bien la puerta. Nadie va a interrumpirnos— dijo con su hermosa voz, esa voz capaz de hacerte pecar sin remordimientos.
Sus labios atraparon a los míos con delicadeza, se iban moviendo suavemente. Tal como lo había soñado, encajaban perfectamente. Luego, cuando respondí al beso, nuestros labios comenzaron a moverse con rapidez y brusquedad aumentando más y más la pasión entre nosotros dos.
Alguien llamó a la puerta. Carsten dejó de besarme pero no soltó mi rostro.
—Sam, ¿Estás ahí?— dijo la persona tras la puerta, era Alonzo.
Carsten colocó su dedo índice sobre mis labios para hacerme guardar silencio. Al pasar unos minutos todo indicaba que Alonzo ya se había ido.
Me alejé de Carsten. Él me miraba intrigado, preguntándose el porqué de mi repentino rechazo.
—¿A qué te refieres con: "esto ya lo hicimos antes"?— pregunté muy seria.
—¿No recuerdas ese sueño en la cascada cuando te di eso?— dijo señalando la muñequera de cuero que tengo puesta.
Me quedé mirándolo confundida.
—No es posible que te aparezcas en mis sueños— respondí con un toque de miedo en la voz.
Se acercó a mí, retrocedí instintivamente hasta chocar la espalda en el borde de los lavatorios. Estaba atrapada.
—Sam, no eran sueños. En realidad no dormías, puedo entrar en tu subconsciente, es por eso que te desmayaste, quedaste muy débil.
—¿Es por eso?— pregunté.
—Sí, lo siento. Sé que no debí pero, quería verte, cada vez que entre en tu mente te sentirás agotada, si quieres dejaré de hacerlo.
—No, no lo hagas. Me gusta.
—Lamento todo esto— dijo abrazándome nuevamente, colocó su mano izquierda en mi cabeza llevándola contra su pecho. Pude sentir su respiración en mi cabello, su perfume delicioso y su cálido tacto.
—¿Recuerdas ese choque de energía?—  me preguntó.
—En la puerta del autobús. 
—Estabas a punto de desmayarte de nuevo así que entré en tu cuerpo para pasarte parte de mi energía, sabes creo que estoy conectado a ti de alguna forma, sé cuando estás débil, cuando me necesitas.
— ¿Cuántos poderes tienes Carsten?— pregunté sorprendida mirándolo a los ojos.
—Sólo los necesarios, los irás descubriendo con el tiempo— respondió muy fresco.
Nuevamente me besó, esta vez fue más fuerte, muy, muy fuerte, tanto que me causó un efecto extraño. Un torrente caliente recorrió todo mi cuerpo a través de mi sangre, sin querer en medio de tal éxtasis, mis alas salieron de golpe rompiendo mi chaqueta.
—¡Maldición!— grité en voz baja.
—Soy peligroso— dijo Carsten con una enorme sonrisa coqueta.
—No te preocupes, es común en mi cuando bajo la guardia y me relajo.
 Guardé las alas pero mi chaqueta no tendría solución, me la quité y la amarré a mi cadera.
—Sam ¿Vendrás conmigo al baile?— preguntó.
—Claro que sí ¿Cuándo es?
—Mañana.
—¿Mañana? Pero…
—Sin peros, ya me encargué de todo— dijo mientras alzaba una bolsa de papel elegante que en algún momento dejó sobre el tocador.
—Ábrela—  dijo tendiéndomela.
La tomé entre mis manos, abrí la bolsa y me quedé sorprendida. ¡El hermoso vestido del escaparate de la boutique!
—¿Cómo lo supiste?— pregunté emocionada al límite.
—Lo observabas con cara de cachorro.
—¡Gracias! en serio ¿Cómo podré pagarte esto?— dije a la vez que lo abrazaba con fuerza.
—Basta con que vayas al baile y no me dejes plantado— dijo respondiendo a mi abrazo—. Salgamos de aquí— agregó.
Afortunadamente Alonzo había abandonado el café. Eric volvió a mirarme con desconfianza desde lejos. Carsten tomó su guitarra que ya estaba dentro de su respectiva funda, habló con el dueño y logramos salir por la puerta trasera  que daba a la otra calle. Salimos tomados de la mano, el viento despeinaba ligeramente su cabello y él lo devolvía a su lugar con sus largos y delgados dedos, sus misteriosos ojos no dejaban de mirarme.
De pronto arrugó el entrecejo y detuvo el andar.
—¿Estás bien?— pregunté asustada acercándome a él.
Se llevó una mano a la cabeza mientras cerraba los ojos con fuerza.
—¿Qué pasa Carsten?— pregunté empezando a desesperar.
—Estoy bien— dijo sin mirarme.
—Claro que no lo estás.
Lo tomé del brazo y lo conduje a la banca más cercana. Hice que tomara asiento. Respiró hondo varias veces y luego se calmó.
—No te preocupes, esto de usar mis poderes a seguido también me agota muchísimo— dijo.
—¿Estarás bien?— pregunté.
Rozó mi rostro con su mano derecha.
—Sí angelito, Eric me llevará de regreso a Whitemount. No te preocupes.
Sonreí y acaricié su mano.
Todo parecía diferente a su lado, me sentía muy emocionada, en mi cuerpo se producían  miles de sensaciones difíciles de describir.  
Unos niños jugaban futbol frente a nosotros, noté cómo Carsten movía sus dedos en el aire, usaba sus poderes para atar las agujetas de uno de los niños haciéndolo caer de bruces, sonrió complacido cuando el niño se golpeó la cara y comenzó a llorar.
—¡Carsten! ¡No vuelvas a hacerlo! ¡No seas malo!— lo reñí.
—Lo lamento, mi naturaleza malvada vence mi voluntad a veces.
—¿Serás malo conmigo también?
—Jamás, nunca intentaría lastimarte.
—Es bueno saberlo— dije.
—¿Te has dado cuenta que no sabemos nada del otro?
—Pero sin embargo siento como si te conociera desde siempre—  volví a decirlo.
—Exacto. Cuéntame más de ti — pidió y plantó la mirada en mis ojos, tomó mis manos entre las suyas.
Rogué porque nadie de la escuela me estuviera viendo en ese preciso instante, no tendría forma de explicar quién era ese hermoso chico y por qué es tan cariñoso conmigo.
—Bueno, estoy atrapada en Blackmount, no veo a mis padres desde hace años, prácticamente para mí no existen. En la escuela paso mi tiempo haciendo alguna travesura o compartiendo tiempo con mis dos amigas Paty y Gaby. ¿Qué hay de ti?
—No conozco a mis padres, pero tampoco es algo de lo que me guste hablar mucho. Estoy tratando de averiguar quiénes son y si aún puedo encontrarlos en algún lado.  Y bueno paso mi tiempo en Whitemount en el equipo de jousting o ensayando  con Eric y Matty en el sótano.
—Pequeñas similitudes, es interesante.
Me moría de la curiosidad, pero decidí no ahondar más en el tema de los padres de Carsten, se notaba que era algo muy doloroso para él. Apoyé mi cabeza sobre su hombro.
—Creo que no son simples coincidencias— dije.
—Lo sé, es cuestión del destino, esto pasó por algo. Y ahora que te tengo no voy a dejarte ir nunca. 
Sonreí completamente complacida. Tampoco pensaba dejarlo ir.
—Me gusta la idea— le dije.
Me fijé en la hora del reloj pulsera que tenía en su muñeca derecha.
—¡Dios! ¡Ya es tarde!— chillé desesperada, me puse de pie.
El bus ya debería estar listo para partir y todos deberían estarse preguntando por mi paradero, no faltaría mucho para que empezaran a buscarme.
—Espera Sam, toma esto— se puso de pie y se quitó el rosario negro del cuello.
—¿Y eso para qué?— pregunté sorprendida.
—Para asegurarme que irás al baile, me lo devolverás cuando nos veamos ahí.
Sonreí.
—Trato echo, ahora debo irme— dije.
Se acercó a mí y me besó en los labios lentamente.
—Adiós, cuídate preciosa— dijo al finalizar el beso.
No quería irme pero me metería en más problemas si no regresaba a tiempo. Sonreí, tomé la bolsa de la boutique, di media vuelta y eché a correr. Luego recordé que tenía que controlar mi velocidad para no llamar la atención de los humanos, afortunadamente llegué a tiempo.
—¡Sam!— dijo un aliviado Alonzo mientras se precipitaba a abrazarme—. ¿Dónde te metiste? Te estuve buscando— agregó.
—No te preocupes yo…
—Fuiste por el vestido— dijo al ver la bolsa de la boutique.
—¡Sí! Eso, exactamente— dije disimulando.
—Quien lo diría, ¡Samantha Oliveira compró un vestido!— agregó con sorna.
—No te burles— le golpeé levemente con la bolsa.
Abordamos nuevamente el bus en los mismos lugares de antes.
Ya extrañaba a Carsten, lástima que tuve que irme así de rápido, daría lo que fuera por quedarme un poco más a su lado, conversar más con él, saber todo lo que le gusta, daría lo que sea por tener más tiempo con él.
Me quedé dormida en el trayecto, esperaba verlo en mis sueños, pero no fue así, al parecer estaba muy cansado como para usar sus poderes, me preocupaba mucho, ¿Estaría mejor ahora mismo?
Desperté con la cara en el hombro de Alonzo.
—Ya llegamos— dijo con dulzura.
Abrí los ojos con pereza, necesité de su ayuda para abandonar el autobús. Una vez en la escuela dejé a Alonzo y a mis amigas hacer sus asuntos. Me senté cerca de la piscina para tomar un poco de aire fresco, escribí un mensaje para Carsten. 
"¿estás bien? Ojala todo esté en orden"
Respondió al instante.
"Si preciosa, llegué a Whitemount hace una hora, los padres de Eric nos recogieron, ¿cómo sigues tú?"
"Bien, aunque dormí todo el camino, quisiera que estés aquí"
Carsten escribía a la velocidad de la luz.
"Entraría en tu mente pero no me siento del todo bien, necesito otro de tus besos para recuperarme"
Sonreí, yo también quería besarlo otra vez, sobre todo si sería un beso apasionado.
"Tendrás que esperar hasta mañana"
"Odio tener que esperar. Pero por ti lo haría siempre.

 Sam, olvidé decirte que el baile de mañana es una mascarada. Hay un antifaz en el fondo de la bolsa, ojalá te guste"
¿Una mascarada en Whitemount? ¡Eso suena increíble! Siempre quise ir a una fiesta así, además podría mantener un perfil bajo. Abrí la bolsa rápidamente y encontré al fondo un antifaz precioso a tono con el vestido, con detalles de plumas y lentejuelas.  ¡Maravilloso! 
"Tal parece que ya lo viste. Siento tu emoción hasta aquí"
Envió.
" ¡Es hermoso! ¡Me encanta! ¿nos veremos esta noche?"
"No lo creo, quiero que estés bien para el baile"
"O.K , pero me hubiera encantado"
No sabía qué era lo que hacía, lo único de lo que estoy totalmente segura es que tengo un vínculo cercano con él. Este sentimiento es totalmente prohibido, apasionado e increíble. Nadie me ha hecho sentir de esta forma antes, jamás, no lo creí posible.
¡Me cuesta creer que estoy enamorada de un DEMONIO!

Continúa en el capítulo 10! pincha aquí para leerlo!


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comenta! me motiva más de lo que crees C:

Mi otro blog!

Meg diary