viernes, 23 de diciembre de 2011

CAPÍTULO 10

ENTRE EL BIEN Y EL MAL

Guardé mi móvil en el bolsillo de mi pantaloncillo. Debía esconder la chaqueta antes que alguien  la viera y se enterara que liberé mis alas en la ciudad, me puse de pie, caminé por el lugar buscando el mejor escondite para mi prenda, divisé a lo lejos la casa club de los Ankh, obviamente era el mejor lugar, ni los maestros no la prefecta buscarían ahí. Sin dudarlo subí la escalerilla para entrar y me llevé una gran sorpresa.
—Sabía que vendrías en algún momento— dijo Arnold levantándose del sillón. 
Retrocedí para alejarme de él.
—No he venido a verte— dije muy seria intentando que notara lo molesto que me resulta hablar con él.
—No te hagas la difícil— dijo con una sonrisa  repudiable, podía ver claramente sus malas intenciones reflejadas en su mirada, llena de maldad, de lujuria.
—Samantha ¿No te sentirías honrada en unirte a mí, el chico más popular de la escuela?— preguntó mientras empezaba a desabrochar su camisa.
—¡Eres repugnante! Además ¡El más popular es Alonzo!— grité.
Frunció el entrecejo y se me lanzó encima como una fiera hambrienta, intentaba besarme a la fuerza, pero me resistí en todo momento.
Me vi obligada a extender mis alas y usar toda mi fuerza para defenderme, Arnold apretaba mis brazos con fuerza impidiéndome atacarlo. Afortunadamente un tercero apareció en medio de los dos y nos separó lanzándonos contra las paredes. El golpe no logró afectarme.
Alonzo, con su imponente par de alas relucientes ¡mi salvador!
Arnold se estrelló de cara contra una de las paredes, la nariz le sangraba, se levantó e intentó atacar a Alonzo quien esquivó cada golpe con astucia. Tomé un jarrón de estilo chino que estaba en la mesita de centro y golpeé a Arnold en la cabeza tan fuerte como pude, el impacto lo noqueó al instante.  Alonzo y yo respiramos tranquilos.
Me lancé a sus brazos llena de desesperación. ¿Si él no hubiera llegado? ¡Quién sabe qué pudo hacerme Arnold! Me estrechó suavemente, de inmediato el miedo desapareció gradualmente de mi cuerpo. Aún sin dejar de abrazarme Alonzo devolvió las alas a su lugar, lo seguí.
—Gracias— susurré, contuve mis lágrimas. 
—¿Para qué viniste?  
—Quería esconder esto— le mostré la chaqueta rota atada a mi cadera.   
—¡¿Dejaste salir tus alas cuando estuvimos en la ciudad?!— preguntó un tanto molesto e incrédulo, deshizo el abrazo y me tomó por los hombros.
—Nadie me vio, fue en el baño del café— aseguré.
—¿Pero por qué? ¿Qué pasó?
—El agua helada, en mi rostro fue muy refrescante. Estaba muy cansada, tanto que me relajé un poco y salieron.
Me miró sin creérsela del todo.
—Debes controlarte, te lo he dicho. Es demasiado peligroso, si algún humano te ve…—  me dijo regañándome.
—Lo sé, y estoy trabajando en eso— interrumpí.
—Puedo ayudarte si lo necesitas.
—No hace falta. Gracias de nuevo.
—Entonces, ¿Qué piensas hacer con la chaqueta?
—Planeaba esconderla aquí, pero parece que no es un lugar seguro.
—Dámela, me encargaré de desaparecerla.
Se la entregué a las manos, sonrió un poco.
Salimos del lugar y entramos en la cafetería algo más tranquilos, al fin y al cabo Arnold estaría bien dentro de unas horas, nuestra recuperación es un poco lenta.
—¿Por qué Arnold te persigue tanto últimamente?— preguntó Alonzo, volvió la cabeza en mi dirección para verme mientras caminábamos.
—No lo sé— respondí y miré hacia otro lado.
Me dolía mucho mentirle, él me contaba todo y yo ahora debía ocultar lo que pasaba por el bien de todos, ¡Maldito Arnold y sus chantajes!
 —Últimamente has cambiado mucho, desde… la vez que fuiste a Whitemount. ¿Hay algo de interesante ahí?— preguntó deteniendo el andar.
También me detuve, decidí no responder a su pregunta.
—Sabes, debo irme, tengo mucho que hacer—  dije y di media vuelta para alejarme de él.
—Espera—  me tomó del brazo con delicadeza—. Quiero pedirte un favor.
—Claro el que quieras, te debo demasiados.
— ¿Podrías acompañarme mañana a la reunión con mi familia?
Me quedé pensando unos minutos hasta que mencionó aquellas palabras:
—Pediré permiso para que salgas todo el día, puedes irte luego del almuerzo.
No quería hacerlo, pero Alonzo era mi único boleto de salida a la mascarada en Whitemount, la culpa iba a matarme por dentro pero no tenía más opciones, era eso o dejar plantado a Carsten.
Guardé silencio un momento mientras debatía conmigo misma.
—¿Entonces?— preguntó nuevamente.
—Claro, iré contigo ¿Debo vestir formal?
—Si así lo deseas. Te veo mañana.
Dio media vuelta  como si mi comportamiento no lo hubiera convencido del todo y se marchó sin decir más.
En la noche la habitación se convirtió en una reunión social para compartir chismes sobre la salida. Comimos galletitas y bebimos mucha soda, no parábamos de hablar de todo lo que hicimos durante el día.
—Al parecer Juanes está realmente interesado en mí— dijo  Gaby con una gran sonrisa, claramente estaba llena de emoción.
No era novedad para mí, ese par estarán juntos algún día.
—La familia Moretti  tiene un almuerzo mañana, Alonzo invitó a Marco Arturo y él me pidió que lo acompañara— dijo Patty con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿En serio? Juanes también me invitó— agregó Gaby.
—Yo también iré— dije saliendo de mis pensamientos.
—¡Vaya  Sam! Sí que has estado de suerte ¿Por eso compraste el vestido?— preguntó Gaby.
—La verdad no, el vestido es un regalo. Me invitaron a una mascarada en Whitemount—solté al fin.
—¡¿Qué?!— chillaron al unísono, incrédulas y sorprendidas.
—¿Te has vuelto loca? ¡No puedes ir! — gritó Patty.
—No se preocupen estaré bien, tengo a alguien que me cuidará.
—¿Y quién es?—  preguntó curiosa Gaby.
—Carsten von Bismarck, lo conocí el día que escapé de la escuela— dije.
Ambas palidecieron, se quedaron boquiabiertas.
—¡Queremos detalles, y toda la verdad!— dijo Gaby.
—No hay mucho que contar— respondí.
—¿Se besaron?— preguntó Patty emocionada.
—Mmm. Sí— respondí, me sonrojé un poco.
Dieron un grito de emoción.
—Cuéntanos, ¿Cómo es él?— interrogó Gaby poniéndose en una posición más  cómoda para escucharme con atención.
—Es alto,  tiene el cabello largo, lacio, oscuro. Ojos grises, es muy sexy y misterioso.
—Sam ¿Te das cuenta de esto?— preguntó Patty.
—¿De qué?
—¡Estás enamorada! ¡Te brillan los ojos cuando hablas de Carsten!
Soltaron varias risitas.
Mis mejillas se encendieron contra mi voluntad.
—¿Cuándo lo conoceremos? — preguntó Gaby.
—Algún día, espero.
—Aguarda un momento, ¿Cómo saldrás de la escuela si estás castigada?—  preguntó Patty.
—Alonzo dijo que pedirá un permiso para mí por todo el día, además dijo que podía irme luego del almuerzo.
—Un príncipe te saca del encierro y otro te lleva al baile ¡Esto es increíble Sam! ¡Te envidio!— dijo Gaby bromeando.
—Créeme, no es fácil mentir, desearía no tener que hacerlo. Me siento terrible.
Las conversaciones continuaron hasta tarde, a medianoche decidimos que era hora de dormir. Me sentía algo más tranquila luego de al fin confesarles toda la verdad a mis dos mejores amigas, esperaba recibir ciertas reprimendas pero por lo visto mis amigas tienen la mente abierta, lo tomaron con total naturalidad.
Patty no se equivoca, Carsten me gusta demasiado, sus besos son increíbles y su sola presencia tiene mil efectos en mí. Estaba ansiosa por volver a verlo, besar sus labios, estar muy cerca de él. No podía esperar más para estar junto a mi príncipe oscuro.

Continúa en el capítulo 11! pincha aquí para leerlo!


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