viernes, 23 de diciembre de 2011

CAPÍTULO 8

LAS TENTACIONES VIENEN VESTIDAS DE DEMONIO

El receso comenzó. Los estudiantes de Blackmount se movían de aquí allá cada uno inmiscuido en sus asuntos. Patty estaba en algún lado consiguiendo tintura para el cabello, Gaby desapareció junto a Juanes y yo caminaba sola por los pasillos. Saqué de mi locker un libro: Crimen y Castigo. Cerré la puerta y me senté en el suelo a leerlo desde el principio de mala gana.
—Interesante elección— dijo una voz varonil de acento extranjero frente a mí.
Levanté la cabeza lentamente para poder ver de quien se trataba.
Me quedé intrigada. ¿Arnold? No dije nada y regresé la mirada a la lectura.
Arnold
—Sé que pasaste la noche en la casa club junto a Alonzo— dijo en un susurro amenazador mientras se agachaba para estar a mi altura.
Me aferré al libro al punto de casi destruir la tapa con mis manos. Traté de ignorarlo.
—No puedes decir nada en tu defensa ¿Verdad Sam? Tú y Alonzo no son los únicos con poderes dentro de esta escuela. Cuida tus pensamientos cuando estés cerca mío— sugirió mientras me  miraba intentando hacerse el coqueto. Lo miré con odio, apretando mis facciones para dejar ver lo mucho que me disgusta.
No era posible. ¿O sí? ¿Arnold puede… leer la mente?
—La respuesta queda para ti— dijo.
Me puse de pie de inmediato intentando evadirlo antes de que me sacara más información de la que podía controlar. Aprisionó mi brazo con brusquedad deteniéndome en seco.
—De nada sirve que te resistas. Si se lo cuentas a Alonzo me enteraré de inmediato y no te lo perdonaré, pagarás con tu vida. Si quieres que nadie se entere de tu fuga nocturna con Alonzo tienes una opción, toma la salida de mañana como una cita. Solos tú y yo en la ciudad, te estaré esperando— susurró a mi oído mientras recorría mi cintura con los dedos.
Me alejé de él dándole un fuerte empujón.
—¡Maldito cerdo! ¡Jamás saldré contigo!—  grité.
Di media vuelta y empecé a andar hacia la cafetería tan rápido como pude.
—¡No puedes huir de mí Samantha! — gritó Arnold a mis espaldas.
No me tomé la molestia de voltear a verlo, le mostré el dedo corazón y seguí mi camino.
Tomé asiento en una de las mesas de la cafetería, las manos me temblaban frenéticamente y era incapaz de controlarlas, no podía ocultar el pánico. Miré a lo lejos a Gaby conversando con Marco Arturo y Juanes, no era el momento indicado para decirle que Arnold es una amenaza. ¿Dónde estaría Patty? Mis dos amigas deben mantenerse alejadas de ese chico antes de que se enterare de todo lo que respecta a mi visita a Whitemount. Aunque ellas no conocen los detalles, pero este tipo puede sacarles mucha información confidencial, o tal vez ya lo hizo.
Mi móvil vibró, lo saqué del bolsillo del blazer.
Era un mensaje de un contacto que no estaba registrado en la memoria, seleccioné la opción de leer el mensaje.
"¿También estás pensando en mí? Lo de anoche fue genial, te extraño"- Carsten
¡¿Cómo era posible?! Carsten empezaba a asustarme. ¿Cómo consiguió mi número?
Respondí el mensaje obviando sus indirectas.
"¿Anoche? ¿Cómo es que tienes mi número?"
La respuesta no se hizo esperar, sí que era rápido escribiendo mensajitos.
"¿No lo recuerdas? Te explicaré todo cuando nos veamos de nuevo, sospecho será muy pronto. Espero estés bien. PD: el director está preguntando por la decisión de  Marcel ;)"
Sonreí, pero mi sonrisa se quebró al  ordenar todo. No era concebible la idea que todo lo que soñé haya sido real, ni siquiera hay una cascada por aquí cerca. Era un sueño y una simple coincidencia demasiado perturbadora. Me llevé las manos a la cabeza presa de la desesperación.
"Ayer tuve un sueño muy extraño"
Escribí en un nuevo mensaje, al instante recibí la respuesta.
"No me digas. Estuve ahí ¿verdad?"
Pensé que lo mejor sería dejar todo como estaba. Ya no quería llenarme la cabeza de interrogantes ni entrar en mayor pánico del necesario.
—Sam ¿Qué pasa? ¡Te ves extremadamente pálida!—  dijo Patty que ya había aparecido a mi lado.
—Ven, siéntate—   le dije a la vez que la jalaba hacia mí.
Gaby se unió a nuestra conversación.
—Chicas, me acabo de enterar de algo extremadamente importante— dije.
—¿Qué es?— preguntaron al unísono.
—Arnold es peligroso, manténganse alejadas de él.
—¡¿Qué te hizo?! — preguntó Gaby alterada y casi levantándose de su asiento.
—Nada aún, no puedo contarlo o estaré en peligro. Me amenazó, basta con que se mantengan alejadas de él— dije.
—A ver si entendí, Arnold es peligroso no sé por qué y… —  interrumpió Patty.
—Sólo manténganse alejadas de él y evítenlo en todo momento, por favor— interrumpí.
De pronto mi vista se nubló por completo, me pareció ver pequeñas estrellitas de colores, me llevé una mano a la cabeza, mis ojos se cerraron, las voces de mis amigas y todo a mi alrededor se desvaneció lentamente hasta caer en la más profunda oscuridad.

Abrí los ojos lentamente, lo primero que vi fueron las luces parpadeantes de la enfermería de la escuela. Estaba tumbada en una de las camillas, alguien me trajo hasta aquí luego de mi repentino desmayo.
Alonzo, Anthony, Patty y Gaby estaban alrededor mirándome preocupados.
—Hola a todos— dije con desgano.
La enfermera apareció atrás de ellos.
—Samantha ¿Te sientes bien?— preguntó ella.
—Eso creo— dije a la vez que me incorporaba para sentarme, la cabeza me pesaba como si fuera de piedra.
—¿Sabes qué fecha es hoy?
—No tengo ni idea.
—¿Cuántos años tienes?
—16
—Aparentemente todo está en orden ¿Qué sentiste antes de desmayarte?— volvió a interrogar la enfermera.
—Sólo vi chispas de colores.
—¿Tomaste o ingeriste algo que pudiera hacerte daño?
—No lo creo.
—Será mejor que te quedes un rato más para poderte observar de cerca— sugirió mientras daba media vuelta y salía del lugar.
—Te traeré una botella de agua— dijo Patty.
—Te acompaño— le dijo Gaby—.Ven con nosotras— agregó a la vez que jalaba a Anthony sacándolo de la enfermería contra su voluntad.
Todos salieron dejándonos a Alonzo y a mí a solas.
—Parece que te afectó ir a la casa club— dijo él mientras acomodaba la manta que me cubría desde la cintura hasta las piernas.
—No es eso Alonzo, algo me está pasando— respondí a la vez que le echaba una mirada a la muñequera de Carsten para asegurarme que no era un invento de mi mente.
—¿Qué crees que sea?— preguntó Alonzo muy preocupado.
—No lo sé, en este momento no estoy segura de lo que es real o no. 
—Sam ¡Somos ángeles! ¿Qué puede ser más difícil de creer?
Que estoy perdidamente enamorada de un demonio, respondí en mi mente.
—Señor Moretti, debe regresar a clases. Yo me encargaré de cuidar muy bien de Samantha— le dijo la enfermera desde el cuarto contiguo.
Alonzo sonrió y me guiñó un ojo. Dio media vuelta y salió del lugar, estaba más que segura que en cualquier momento usaría su poder y volvería para estar conmigo. Aunque se lo niegue a todos no puede fingir ante mí, de verdad le importo. 

Continúa en el capítulo 3! pincha aquí para leerlo!

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