domingo, 12 de octubre de 2014

capítulo 28 Inevitable

SAM

"El final ha llegado, no se puede escapar de la muerte. Es un camino sin regreso y sin alternativas. En el fondo lo que pasara esta noche sería sólo mi culpa."


INEVITABLE

 Jakov apareció en el pasillo llevando bajo el brazo un montón de libros gruesos con tapas de colores diversos. Miró a Alonzo extrañado preguntándose “¿Qué hace aquí?”
—Alonzo, ¿Vienes de visita?—  preguntó con una amable sonrisa.
Alonzo seguía muy serio.
—Vine a averiguar sobre los traslados, me gustaría venir aquí— dijo.
Alonzo ni siquiera ha terminado el bachillerato, era otra de nuestras grandes mentiras para mantenernos en el mundo de los humanos.
—Vamos ya a casa— dije mientras me paraba de la banca en la que había permanecido más de dos horas sentada  conversando con Alonzo acerca del destino de nuestro amigo humano.
El camino de regreso a casa se me hizo una eternidad, sobre todo porque ninguno de mis acompañantes rompía el hielo y yo estaba demasiado sumida en mis pensamientos como para entablar una conversación.
Suspiré.
—¿Tienes planes para el fin de semana?— le pregunté a Jakov al fin.
Alonzo apretó los labios con fuerza, como si quisiera callar algo.
—Tengo algunas tareas grupales, me reuniré con unos amigos— respondió Jakov.
—¿Puedo acompañarte?— pregunté.
—Claro, pero te aburrirás por completo.
—Sam, tenemos cosas que hacer— interrumpió Alonzo muy serio.
—No, yo no tengo nada que hacer— repliqué molesta.
Faltaban pocos metros para llegar a las residencias cuando de pronto un cuerpo oscuro atravesó el aire a toda velocidad por encima de nuestras cabezas.
—¡Maldita sea!— rugió Alonzo.
Al instante comprendí lo que pasaba. Había llegado el momento, Samir estaba aquí, nos encontró.
Anthony apareció a nuestro lado luego de lanzarse desde la azotea de un edificio cercano y caer de pie con toda la gracia y elegancia de un felino.
—¡Como hiciste eso!— le preguntó Jakov sorprendido y nervioso a la vez.
Lo ignoramos.
—Samir está aquí y no dudará en matar a Jakov— dijo Anthony.
 —¡Sam, llévate a Jakov!— ordenó Alonzo.
—¡No puedo dejarlos solos!— grité.
—¡Alguien dígame qué está pasando!— exigió Jakov.
Alonzo tomó mi rostro entre sus manos.
—Mírame, todo estará bien. Volverás a verme, estaremos juntos Sam, sólo sal de aquí y confía en mí.
Besó mi frente, bajó las manos y me dio un ligero empujón para despertarme del trance que me provocaron sus palabras. Tomé a Jakov del brazo y lo jalé con todas mis fuerzas, el pobre estaba tan sorprendido que no dijo ni media palabra. Me detuve al divisar un grupo de humanos muy cerca.
—Jakov, tienes que correr conmigo lo más rápido que puedas, por favor— le dije.
—¿Qué pasa? ¿Quién es Samir? ¿Por qué quiere matarme?
—Te responderé todo después, ahora tengo que dejarte en un lugar seguro, vamos a las residencias por el camino largo— le dije.
Jakov corrió junto a mí tan rápido como pudo, tenía que hacer un gran esfuerzo al controlar mi velocidad para no dejarlo atrás. Llegamos a las residencias, subimos de dos en dos las escaleras hasta llegar a nuestro cuarto. Cerré las ventanas y ordené a Jakov que no saliera por nada.
Volví al campo de batalla ignorando las advertencias de Alonzo, pero ninguno de ellos estaba ahí.
Escuché muy cerca el sonido de unas latas golpeadas violentamente. Corrí hacia el lugar. Eric, el compañero de cuarto de Carsten, se alzó del piso mientras se limpiaba el rastro de sangre de su labio inferior partido.
—¡Eric!— Grité.
Volteó la cabeza en mi dirección.
—¡Niña, vete de aquí! — gritó enfurecido y voló hacia el frente desapareciendo de mi vista.
Corrí en la dirección de Eric, pero en el camino fui derribada por un impacto tan fuerte que me dejó desorientada, tumbada en el piso y casi sin poder moverme. apreté los párpados presa del dolor. Algo pesado oprimía mi pecho, abrí los ojos lentamente para ver qué me cayó encima, Anthony estaba sobre mí, sangraba demasiado.
—¡Thony! ¿Estás bien?, ¡Dime algo!— grité mientras movía su cuerpo para liberarme y poder revisarlo.
—Si… eso creo…— respondió a medias.
Su espalda tenía una enorme herida abierta, por poco y podía verle todos los tejidos de lado a lado.  Entré en pánico, Anthony estaba perdiendo demasiada sangre.
—Él estará bien, es muy fuerte— dijo una voz muy conocida.
—¡Carsten! ¿Qué haces aquí?— pregunté  sorprendida.
—Tengo que acabar con Samir.  Procura limpiar la herida, volveré a la batalla.
—Iré contigo.     
—No, quédate cuidando a tu amigo, nos facilitó el trabajo. Es muy inteligente, protégelo— ordenó y alzó el vuelo con su poderoso par de alas azabaches.
¡Carsten estaba aquí! No podía creerlo, estaba emocionada y a la vez muy preocupada. Los dos chicos a los que amo pelean a muerte con el enemigo y el pobre Thony se desangra en mis brazos.
Lo acomodé hasta sentarlo, cubrí su herida por el momento, para absorber la sangre que se esparcía rápidamente por todos lados.
Un grito interrumpió el silencio de la noche. ¿Qué puede estar pasando? ¿Es posible que perdieran ante Samir? Rápidamente subí a Anthony a mi espalda como mejor pude y me dirigí al lugar de la batalla.
Increíbles, casi salidos de un sueño,  en lo alto del cielo se alzaban Alonzo y Carsten, un ángel y un demonio. El primero aprisionaba a Samir con todas sus fuerzas por la espalda al punto de casi quebrarle las alas, el segundo tenía sus manos atravesadas en el  pecho del enemigo. Carsten le arrancó el corazón en medio de los gritos desgarradores de Samir, hasta que su cuerpo se desplomó en manos de Alonzo.  Bajaron a tierra firme y ocultaron las alas, depositaron el cadáver en el suelo sin el menor cuidado.
—¡Al fin!— dijo Alonzo.
—¿Qué hacemos con esto?— preguntó Carsten refiriéndose al corazón de Samir que aún sostenía en sus manos.
—Arrójaselo a los perros vagos— dijo Eric acercándose.
—Llevémoslo como trofeo— dijo Alonzo.
—¿Cómo vamos a desaparecer el cuerpo?— pregunté a la vez que sentaba a Anthony cerca de nosotros, él estaba cada vez más débil.
—Tranquila, conozco un lugar donde nadie lo encontrará— dijo Carsten.        
—Pero primero hay que despedazar a este idiota, merece la peor de las muertes— opinó Eric
—En verdad tienen la sangre fría ¿no? — comentó Alonzo.
—Traigo unas cuantas navajas en mis bolsillos con eso bastará— dijo Eric ignorándolo.
Nos dio las tres navajas a Alonzo, Carsten y a mí.
—¿Y tú?— pregunté.
Eric sonrió con malicia.
—Lo haré manualmente— dijo a la vez que apretaba sus dedos hasta hacer tronar cada uno de sus huesos.
—Prefiero no participar en esto— dije mientras le entregaba la navaja a Alonzo.
 —No te culpo, siento escalofríos— dijo él recibiendo el arma.
Di media vuelta y regresé a ver como seguía Anthony. Acomodé su cabello que estaba completamente revuelto, él entreabrió los ojos y sonrió ligeramente.
—Este parece el paraíso— dijo. 
Sus frases trajeron a mi mente un recuerdo. Él y yo, hace mucho tiempo atrás cuando éramos novios, éramos felices, no sé por qué terminé con él, Anthony es noble, pobrecillo, el sufrió mucho luego de nuestra separación, por mi culpa.
Mis recuerdos fueron interrumpidos por el crujido de unos huesos al romperse. No quise voltear a ver como despedazaban el cadáver de Samir, no resistiría, sentía el vómito venir a mí. Me aferré a Anthony abrazándolo con fuerza intentando sentirme segura en medio de tan macabra escena.
—Es todo, Sam, ya acabó— dijo Carsten a mis espaldas.
Volví la mirada hacia él con extremo miedo a ver una masa sangrienta en el suelo. Pero no fue así. En su lugar sólo se hallaba una bolsa plástica oscura de tamaño regular y tres apuestos adolescentes con la ropa y las manos llenas de sangre.
—La pesadilla llegó a su fin— agregó Alonzo mientras se limpiaba las manos en el pantalón.
—¿Cómo sigue Anthony?— preguntó Eric acercándose a mí.
—Está muy débil pero ya paró la hemorragia— respondí.
—Acabemos con esto de una vez— agregó Carsten.
Me dispuse a cargar a Thony, pero Carsten me detuvo y lo subió a su espalda con ligereza.
Todos recuperaron sus pertenencias. Alonzo se puso su camiseta, vestimos a Anthony con su camiseta cuidadosamente y echamos a andar  por una calle oscura y desierta.
Eric cargaba con una mano la bolsa que llevaba los restos de nuestro acechador. Todo había acabado, pero tenía dentro de mí sentimientos contradictorios que no lograba expresar. Tenía miedo, ¿Qué diablos era lo que acabábamos de hacer? Tenía asco, ¿cómo pude soportar ver tanta sangre, escuchar como Eric partía uno a uno los huesos de Samir…
Una mano tibia se posó sobre mi hombro, me volví en su dirección. Alonzo me miró cálidamente.
—Deja de torturarte, se lo merecía. Piensa en cuantas personas mató. Ese era su destino— dijo.
Carsten lo miró con recelo, pero se limitó a plantarle una mirada nada amigable.
—Alonzo, ¡Deja de inmiscuirte en mi mente!— ordené.
Sonrió ligeramente y me llevó hacia el con fuerza. Carsten le plantó una mirada severa.
Me deshice del abrazo de Alonzo.
—Todo estará bien, esta noche alguien tenía que morir. Salvamos a Jakov y el sacrificado fue Samir— dijo Alonzo.
—Ni falta le hará al mundo, así que cálmate— agregó  Eric con tono serio.
Luego de caminar por varios minutos llegamos al  puerto. Me quede ahí con Anthony.
El resto subió  a una pequeña lancha para fondear el cadáver en el mar. La luna llena destellaba tímidamente en medio del cielo. Thony dejó caer su cabeza sobre mi hombro.
—Tranquilo, te cuidaré no dejaré que nada te pase— Le dije acariciando su cabello.
Me pareció oír un gemido proveniente de lo más profundo de su pecho. Volví a abrazarlo con fuerza, me sentía culpable de su dolor de todos sus problemas. Anthony  es encantador, su forma de ser es tan dulce, tan compleja y simple a la vez. Su alma es completamente pura. No sé cómo va a tomar la batalla de hoy cuando recupere la conciencia, pobre Thony. Estoy segura que no querrá recordarlo.
Al cabo de unos veinte minutos los chicos regresaron.
—¡Aquí no pasó nada!—  dijo Eric dando un salto fuera de la lancha.
Carsten me dio una sonrisa corta, al parecer a el tampoco le gustaba tanto esta situación.
—Vamos antes que alguien nos vea— agregó Alonzo.
Carsten subió  a Thony en su espalda nuevamente. Regresamos a las residencias universitarias, afortunadamente era muy tarde y no había nadie cerca. La calma había vuelto a la ciudad, ya nadie tendría que volver a preocuparse por el asesino “arranca corazones”  y aún no lo sabían, ningún inocente volvería a caer en manos de una desalmada criatura como Samir. Quería pensar que esta noche mis acompañantes eran los héroes anónimos de Blast Ville.
Todo parecía calmado al llegar a nuestro bloque. Pero.
—¡Anthony! ¿Qué le paso?— preguntó Molly desesperada mientras salía al pasillo.
¡Maldición!
—¡Regresa a tu cuarto niña!— le dije algo molesta, la empujé fuera del camino.
Molly me miró con odio y tiro de la sudadera de Carsten para detenerlo, él la miró de reojo pero no detuvo el paso. Quité con fuerza su mano, casi la hice gritar de dolor.
—Ignórala. Entra a casa— ordené a Carsten.
—¡Espera!— gritó Molly.
Carsten me obedeció y se adentró en la habitación junto con Eric que no dejaba de emocionarse por lo que al parecer era una pelea de chicas. Alonzo susurró a mi oído:
—No hagas nada imprudente.
Entró a la residencia dejándome el campo de batalla libre, tendría que alejar a esta humana sea como sea, no quería que vuelva a poner sus manos o sus labios sobre Anthony.
—¡Si tanto te interesa, déjalo en paz. No te metas en nuestros asuntos!— grité.
—¡Sólo quiero saber si está bien!— gritó ella.
—No es tu problema, aléjate de nosotros. Soy la única que puede cuidar de él, por favor aléjate, no te le acerques nunca más— le planté una mirada de odio que la hizo retroceder.
Molly se quedó petrificada, me miró asustada  y luego se escurrió hasta su respectivo cuarto.
—¡Vaya! Puedes ser muy mala cuando te lo propones— dijo Carsten mientras se apoyaba en el marco de la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho.
¡Dios! ¡Sí que es sexy!
—No me gustan los entrometidos— dije más calmada mientras me acercaba a él.
Extendió sus brazos para abrazarme, me dejé caer en ellos.
—Te extrañé— dije en voz baja.
—Yo también, mi angelito. ¡Qué pena que tuviéramos que rencontrarnos en una situación tan extraña!—
—No me lo recuerdes— dije.
Alonzo abrió la puerta, nos vio. Carsten no me soltó.
—¿Crees que ya deba irme?— me preguntó Carsten.
—Espera.— dijo Alonzo.—  Nos ayudaste mucho hoy, creo que puedes quedarte aquí por un rato.
—Está bien, gracias— dijo Carsten sin sonar muy amable del todo.
Los tres entramos a nuestra residencia.
Jakov estaba bloqueado. Mucha confusión lo había dejado paralizado, sentado en una silla de la estancia, inmóvil como una estatua, respirando apenas.
—¡Cómo diablos le explicaremos todo esto!— le dije en voz baja a Alonzo.
—Encontraremos una forma…
—Yo puedo ayudarte con eso— le interrumpió Carsten.
Tomó una silla y se sentó frente  a Jakov, luego apuntó dos de sus poderosos dedos contra la frente de nuestro amigo humano, pareció que la fuerza de Carsten golpeaba a Jakov de forma invisible hasta hacerlo caer profundamente dormido.
—Listo, mañana pensará que todo fue un sueño.
Alonzo de encargó de llevar a Jakov a su habitación, luego volvió pero se mantuvo alejado de nosotros.
—¿Entonces también puedes controlar a la gente? — le pregunté a Carsten mientras tomaba asiento en el lugar que ocupó antes Jakov.
—Sólo funciona con los humanos, tienen una mente muy frágil.
Sonreí.
—Me alegra que estés bien. No sabes lo preocupada que estuve por ti.
—Y tú no sabes la falta que me hiciste.
—Pero ahora todo va a ser diferente.
—Hablando de cambios.
—¿Qué pasa? —Pregunté asustada.
—Quiero proponerte algo.
Hizo una pausa, tomó mi rostro entre sus manos. Estaba atacada de los nervios ¿Qué quería decirme?
—Samantha, ¿Quieres vivir conmigo?
—¿Cómo? — pregunté confundida.
—Conseguí un departamento en la ciudad y desde un principio pensé en llevarte ahí, conmigo. Te lo juro no te hará falta nada, te protegeré siempre. ¿Qué dices?
 —No quiero ser aguafiestas, pero el pulso de Anthony es inestable— dijo Eric a viva voz desde el otro lado de la habitación.
—Menudo momento para hacerse el muerto— susurró Carsten molesto.
 Me acerqué de inmediato a la cama donde estaba postrado Thony y tomé su muñeca, efectivamente su pulso se hacía más débil cada vez.
—¡Anthony!— grité  mientras intentaba sacudirlo en medio de mi desesperación.
Carsten me detuvo tomándome por los hombros. Alonzo se acercó a ver qué pasaba.
—Eric, ve por unas agujas, necesitamos  inyectarle sangre—  ordenó Alonzo.
Eric revisó sus bolsillos aparentemente vacíos, Carsten le lanzó un grueso paquete de billetes.
—Vuelvo en seguida— dijo Eric mientras salía a toda velocidad por la puerta principal.
Los ojos empezaron a cerrársele a Alonzo.
—La batalla te dejó deshecho, Moretti— le dijo Carsten para incomodarlo, aunque en realidad intentaba mantenerlo despierto.
Alonzo abrió los ojos pesadamente luchando contra el cansancio.
—No es cierto. Estoy bien—  dijo a media voz.
Eric entró por la ventana.
—Creo que esto es lo que necesitas— dijo mientras le tendía una bolsa de papel a Alonzo.
Él la tomó entre sus manos, sacó de ella una bolsa plástica especial para estos casos, supongo, contaba con una conexión a una manguera quirúrgica que terminaba en una fría y punzante aguja, sentí un escalofrío al verla. Alonzo se dispuso a inyectarse la jeringa en su brazo.
Carsten lo detuvo.
—¿Acaso estás demente Moretti? Tus fuerzas están por los suelos, ¿Quieres morir? Claro que eso sería muy conveniente para mí, pero no creo que en realidad lo quieras así— le dijo.
—Está bien, inyéctame a mí— dije.
—¡No!—  repuso Alonzo.
—Ella es la única, no puedes ponerle mi sangre o la de Eric, lo matarías. Necesita sangre de uno de su raza—  dijo Carsten obligándolo a entrar en razón.
Alonzo se resignó.
—Ven— me llamó.
Me senté cerca de él. Eric ayudaba a sostener todos los instrumentos, eso me hacía sentir aún más nerviosa. Alonzo inyectó la jeringa en mi brazo con sumo cuidado, hizo las conexiones necesarias entre el catéter y la delgada manguerita de la bolsa, mi sangre empezó a  llenarla lentamente.
—Calma, todo estará bien— me dijo Carsten mientras posaba sus tibias manos sobre mis hombros. Sonreí. Alonzo se mordió los labios, molesto.
La bolsa se llenó hasta la mitad, empezaba a sentirme desorientada. Eric y Alonzo llegaron al acuerdo que era suficiente. Sacaron la jeringa de mi brazo y se aseguraron de no permitir el paso de aire en ella. Carsten se ocupó de cambiar las agujas e inyectar una nueva en el brazo de Anthony para transferirle mi sangre.  
Los ojos se me cerraban contra mi voluntad. Mi sangre continuó su lento avance dentro del  cuerpo de Thony.  Él poco a poco fue recobrando su color.
Estuve a punto de desmayarme, Carsten me cargó en sus fuertes brazos y me llevó hasta mi cama.
A lo lejos oí el pitar de un móvil.
—Mi, mi móvil— dije entrecortadamente mientras la visión se me ponía borrosa.
Alonzo tomó el móvil y contestó la llamada por mí. 
—¿Hola?— preguntó.
La persona al otro lado dijo algo que no logré entender.
—¡Gaby! ¡Qué pasa!— gritó Alonzo.
Mis ojos se abrieron al escuchar el nombre de mi amiga.
—¡¿Qué le pasa a Gaby?!— pregunté desesperada.
Carsten me ayudó a incorporarme, sujetando firmemente mi espalda. Alonzo puso el móvil en altavoz.
—Alonzo ¿Dónde está Sam? — chilló Gaby en el móvil.
—Está aquí ¿Qué pasa?— preguntó nuevamente.
—¡Nos atacan. Whitemount está invadiendo la escuela, quieren acabar con todos! ¡Se ha desatado una matanza! ¡Por favor regresen! ¡Los necesitamos! 
Intenté ponerme de pie y alcanzar el móvil pero Carsten me lo  impidió.
Alonzo habló un poco más con Gaby, pero no pude entender con claridad, simplemente me quedé dormida al cabo de unos instantes de escuchar las voces lejanas de mis acompañantes.

Un par de brazos fuertes me alzaron de la cama. Reconocí el aroma de inmediato, Carsten. Sentí como depositaba mi cuerpo en el asiento trasero de la camioneta en la que escapamos. Logré abrir los ojos con mucho esfuerzo. Anthony estaba recostado a mi lado aún con la bolsa de sangre conectada a él. 
—Yo conduciré— Dijo Carsten quitándole  las llaves a Alonzo. Él lo miró con odio, pero terminó cediendo, era un riesgo dejar que Alonzo condujera estando tan cansado.
Eric se sentó en el lugar del copiloto. Alonzo se sentó junto a Anthony conteniendo la bolsa de sangre con sus manos.
—¿Todos listos?— preguntó Eric, echándonos una mirada a los que íbamos atrás.
—Eso creo— respondí aún cansada.
La camioneta empezó a moverse rápidamente.
—Eric, saca de mi mochila una lata— ordenó Carsten.
Eric buscó como una ardilla al interior de una vieja mochila de jean. Encontró lo que buscaba y se lo mostró a Carsten.
—Dáselo a Sam— ordenó.
—Toma pequeña— dijo Eric a la vez que me la alcanzaba.
Tomé torpemente la lata de bebida energética entre mis manos, bebí su contenido por completo. Al cabo de unos quince minutos empecé a sentirme mejor.
Alonzo se había quedado dormido. La transfusión de sangre ya había acabado, pero Anthony seguía sin despertar.  Aproveché para tomarme una corta siesta ya que el camino de regreso a la escuela es muy largo.
Aunque estuviera muerta de preocupación por Patty y Gaby, tendría que descansar un poco para protegerlas al llegar, ¿cómo es posible que las cosas se compliquen tan rápidamente?  Incluso ni siquiera respondí a la propuesta de Carsten, espero poder hablar con él en algún momento más tranquilo, si es que eso sucede alguna vez en nuestra agitada existencia.

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