domingo, 12 de octubre de 2014

CAPÍTULO 20 Un nuevo camino hacia la nada

MEMORIAS  DE CARSTEN
UN NUEVO CAMINO HACIA LA NADA

Abrí los ojos, los rayos del sol  entraban por la ventana fastidiándome al extremo. Eric ya estaba despierto, me miraba sin expresión en su rostro. A veces me parecía que era un mueble más dentro de mi habitación.
—Ya es de día— dijo.
—Claro que lo noto, idiota. ¡Olvidaste cerrar la ventana otra vez!— repliqué poniéndome de mal humor.
 —¿Qué no era tu turno?
Lo miré con odio.
—Carsten, perdiendo la paciencia tan temprano.
Lo ignoré, me puse de pie. Hice lo mismo de siempre pero me di tiempo de buscar una mochila para llevar mis cosas. Tendría que irme esta noche, al fin lo había decidido, me iría solo por el bien de todos. Era irónico pensar que estaba a punto de hacer lo mismo que hace seis años.
—¿Te ayudo?— preguntó Eric.
—No, no tienes la mínima idea de lo que llevaré.
La puerta se abrió de sopetón, Matty entró cerrándola a sus espaldas de golpe. Sus ojos estaban demasiado abiertos, algo andaba mal. No necesitaba preguntar para saber lo que pasaba.
—¿Qué es lo que quieren?— le pregunté para poner a Eric al tanto de las cosas.
—Samir ha puesto a casi toda la escuela en tu contra— dijo Matty.
—Deben estar furiosos— agregó Eric.
Miré con desgano hacia afuera de mi ventana.
—Da igual, no queda mucho tiempo— dije despreocupado.
Me pasé el día encerrado en la habitación arreglando mis cosas. Encontré fotos de mi familia falsa, mamá y papá posando muy tristes a mi lado. Casi vuelve a mi ese maldito sentimiento de soledad. Tomé las fotografías y las destrocé todas a la vez, lancé los pedazos dentro de un cenicero, las rocié con uno de los licores de Matty y las dejé arder hasta las cenizas.
Junto a mis cosas encontré la camiseta con la que llegué a Whitemount, además de la pequeña imagen de arcilla de la Santa Muerte. Solté un suspiro ahogado, Eric lo notó al instante.
—¿Nostalgia?—  preguntó a mis espaldas.
—¡Claro que no es nostalgia! — dije volviéndome hacia él.
—¿Entonces?
—Sólo, que recordaré a Whitemount por siempre. Creo que es el único lugar en el que me sentí un poco cómodo después de todo.
—Aun no entiendo porque no puedes ser feliz si lo tienes todo— dijo casi lamentándose.
—¡Claro que no!— rugí.— Tú tienes una familia, tienes padres ¡Pero yo no! Cambiaría todo lo que soy por saber a dónde pertenezco, quién soy en realidad, quienes son mis padres reales. ¡Me siento ridículo! ¡Soy un hijo del vacío, prácticamente un huérfano!—  las palabras me salieron rápido y casi ininteligibles.
Eric me miró asustado. Respiré hondo para calmarme.
—Déjame solo, por favor— dije algo más tranquilo.
Afortunadamente Eric me hizo caso. Apenas cerró la puerta tras el, le di un golpe de furia a la pared. Mis huesos quedaron medio molidos, la sangre brotó de las pequeñas heridas pero luego de diez segundos todo estaba en orden. Mi capacidad de auto—recuperación actuaba cada vez más rápido. 
Decidí darme un buen baño de agua helada en la piscina de la escuela. Me quité la sudadera y la camiseta.  Me acuclillé en el borde de la ventana viendo al vacío, expandí mis alas al viento y eché a volar hasta la piscina, me dejé caer de golpe en sus frías aguas.
Maldición, maldición, decía para mí mismo
Todo esto era una completa estupidez. Detestaba las ocasiones en las que me ponía a pensar sobre mi origen, me ponía muy mal y podía sentir de nuevo el vacío creciente en mi interior.
Me quedé un rato en el fondo de la piscina, salí a flote al haberme calmado casi del todo, recordando a Sam desde el día en que nos conocimos hasta lass cosas tan íntimas que compartimos aquella noche. Fue algo bueno al fin, algo que sólo podría hacer con ella y con nadie más.
Matty me esperaba sentado al borde de la piscina con su expresión calmada de siempre.
—C, sal de ahí— dijo.
Le hice caso. Pesadamente abandoné la piscina. Guardé las alas y me senté a su lado con los pantalones completamente mojados, el cabello enmarañado y goteando agua aún. Matty es el hermano que siempre desee tener.
—¡Mira todo el lío en que te has metido!— me dijo. 
—Lo sé Matty, ¿Pero qué puedo hacer? Amo a Samantha. Haría lo que sea por ella.
—Lo entiendo. Si la amas ve por ella, sigue a tu corazón.

 Y claro que lo haría. Por primera vez en mi vida estaba completamente seguro, no tenía ni la menor duda sobre ello. Amo a Sam y no la dejaría ir por nada del mundo. 

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