jueves, 5 de enero de 2012

CAPÍTULO 14


DEMENCIA TEMPORAL
Estaba a punto de golpear contra las rocas del río. Mi cuerpo atraído por la gravedad impactaría sin duda alguna contra el suelo, este era mi final.  Pero una fuerza superior a todo me contuvo a milímetros de recibir el golpe.
Abrí los ojos para ver de quien se trataba. Alonzo me miraba preocupado. Pero mis ojos se perdieron en la blancura de sus alas. 
—¿Lo hiciste por mí?— pregunté
Entrecerró los ojos. Me ayudó a ponerme de pie sobre tierra firme y  me abrazó.
Me aferré a él con fuerza, no pude evitar llorar.
—Anda, llora todo lo que quieras, yo voy a consolarte— dijo a mi oído
Estaba demasiado confundida para  ordenar mis pensamientos. Pero es cierto que Alonzo de alguna forma sabía de mi situación con Carsten y al parecer no le molestaba, estaba dispuesto a consolarme.
Cuando reaccioné por completo, estábamos en las afueras de Blackmount, Alonzo había destrozado su chaqueta de cuero favorita al abrirle paso a sus alas para salvarme.
Me sentí culpable.
—Alonzo tú ¿Lo sabes?— pregunté casi en un susurro
Plantó su mirada severa en mis ojos.
—Lo supe desde un principio—
Totalmente  avergonzada desvié la mirada hacia otra parte. ¿Cómo era posible que Alonzo lo supiera? ¿Quién se lo contó?
—Entonces ¿Qué piensas de eso?— pregunté
Se mordió el labio inferior, al parecer con furia.
—Dejemos el tema ahí por ahora, sólo quiero que te sientas bien —  dijo echando a andar hacia la escuela.
Lo seguí cabizbaja.
Una vez dentro de Blackmount decidí refugiarme en la casa club. No quería que los demás me  vieran o me escucharan llorar.
Alonzo quiso entrar a consolarme, pero no se lo permití.  Cerré las puertas y ventanas del lugar. Ni un haz de luz se filtraba, estaba en la más profunda oscuridad, tumbada sobre la alfombra de piel de la estancia.
¿Por qué Carsten había hecho eso? ¿Había estado jugando conmigo siempre? Parecía sincero, o al menos eso yo creía. ¿Cómo pude ser tan tonta como para enamorarme de él  en  un abrir y cerrar de ojos?
No podía aceptar lo que estaba pasando. Las lágrimas recorrieron mi rostro una y otra vez. Cada vez más calientes, más amargas, llenas de decepción, de furia.
Me quedé dormida y desperté al parecer a medianoche.
Caminé en medio de la oscuridad. Estaba débil, tal vez por no comer nada en todo el día y por haber llorado tanto. Abrí la puerta de la casa del árbol. El frío viento me hizo temblar.
Mi mirada encontró a Alonzo sentado en la gradita de la entrada.
No se volvió para mirarme, aunque bien sabía que lo estaba observando.
—¿Te quedaste ahí todo el tiempo?— pregunté
—Aunque quiera no puedo separarme de ti—
Sus palabras salieron con amargura, como si no le gustara la idea.
—¿Y por qué no puedes?— interrogué
Volteó la cabeza en mi dirección, me miró con sus grandes ojos cafés.
—Porque yo te amo— dijo a secas
Se produjo un silencio inquebrantable en medio de la noche. Sólo podía oírse el ligero silbido del viento rozando las copas de los árboles.
Aquellas palabras que había esperado oír alguna vez salieron de pronto, confundiéndome pero a la vez haciéndome sentir mejor.
Alonzo se puso de pie. Di dos pasos en su dirección, pero él ya se había acercado precipitadamente.
Me tomó entre sus brazos con mucha fuerza. Me miró fijamente y me besó.
Fue un beso cálido, tierno, sin ningún punto de comparación con los besos apasionados de Carsten.
Sentí como si curara todas las heridas de mi interior, como si sus besos pudieran sanarme. ¿Sería que Alonzo es la solución a mi dolor?
Por increíble que pareciera todo era real. Los acontecimientos me mantenían en un estado de incredulidad. Este era un mal sueño, una broma de mi mente, en algún momento iba a reaccionar.
Alonzo dejó de besarme, se alejó un poco de mí.
—No hay necesidad de que me digas lo que piensas, puedo leer tu mente— dijo
Me quedé helada.
Entonces Alonzo ¡Siempre supo que estaba enamorada de él!, no pude evitar sonrojarme un poco.
—¿Por qué nunca dijiste nada?— pregunté temerosa
—Porque no quería arruinarlo. Esperaba el momento preciso, hasta que apareció el "hijo de Satanás",  el tal Carsten entre nosotros. Estuviste a punto de desfallecer por su maldita necesidad de verte en tus sueños y no puedo creer que fueras al baile con él arriesgando tu vida—
Alonzo estaba hinchado de ira.
—Es que acaso ¿Tú tienes más poderes de los que pensé? es posible que seas un arcángel—  dije desviando totalmente el tema central
Miró al suelo. Sin decir una palabra.
—Sam, es hora de que vayas a dormir, ya no puedes faltar a clases— dijo dando media vuelta, luego bajó las escalerillas de la casa club. 
Esperé unos minutos hasta que entrara en la escuela, luego bajé y me senté al borde de la piscina. Podía ver el reflejo de la luna en el agua, las estrellas, pero todo me resultaba inútil para intentar animarme.
Carsten. El chico de los ojos grises misteriosos no había sido mío nunca y tampoco lo sería jamás. Todo era una maldita mentira. Asqueroso y repugnante demonio, ¡Cómo pude fiarme de ti!

Pasé el resto de la semana en el mismo estado de depresión, dejando que las cosas pasaran alrededor mío. Me limité a no hablar más de lo estrictamente necesario. Sí, no, tal vez, eran las únicas palabras usadas en mi nuevo vocabulario. Patty y Gaby estaban preocupadas, pero a la vez se mantenían al margen del asunto. Las noches se me hacían largas, las pasaba sentada en el mismo lugar al lado de la piscina observando el reflejo de la luna mientras cuestionaba mi existencia.
Mi cuerpo actuaba por sí solo. Me puse de pie, dispuesta a irme a mi habitación.
—No sabes cuánto me destroza verte en ese estado— dijo a mis espaldas una voz  hermosa y familiar.
Incrédula me volví en su dirección lentamente temiendo que mi mente me jugara una broma.
La persona, que estaba oculta en la oscuridad de los arbustos, caminó elegantemente hacia mí. Cuando al fin pude divisar del todo su esbelta figura, no supe qué hacer.
—Carsten— susurré sorprendida
Su mirada se posó sobre la mía. Mantenía las manos guardadas en los bolsillos de su chaqueta negra.
—¿Qué haces aquí?— pregunté con enojo en la voz
—Yo…—
—¿Es que acaso no te cansas de burlarte de mí?— dije antes de dar media vuelta para irme.
Tomó mi brazo deteniendo mi andar.
—Samantha, yo nunca quise lastimarte. Créeme lo que siento por ti es sincero—  dijo
Empecé a mirarlo con seriedad.
—Si dices que es sincero ¿por qué  te vi besando a Serena?—
Soltó un suspiro.
—Serena no es nada para mí. Ella descubrió lo nuestro y me obligó a ser su novio para guardar nuestro secreto. Sam, ¿No entiendes que a la única a la que amo es a ti?— 
—Mientes— 
—Claro que no— dijo apretando mi brazo con  fuerza.
—Entonces ¿Por qué no me dijiste nada? Podías responder mis llamadas o entrar en mis sueños— dije
—Serena era muy hábil. Me tenía controlado al milímetro, ¡Entiende Sam! Cualquier movimiento en falso pudo ser fatal. Tuve  que hacerlo por nosotros—
Soltó mi brazo.
—Espera, dices que "era" ¿Dónde está Serena?—
Se volteó para ocultar su rostro.
—Tuve que deshacerme de ella— dijo a secas
—¡La mataste!— chillé desesperada e incrédula
—¡Era necesario para estar a tu lado! Me costó mucho, pero ahora estoy aquí. Al fin puedo verte y lamento que hayas tenido que pasar por todo esto—
Logré mirar bien su pecho, su cuello, estaban llenos de salpicaduras de sangre, arañazos, moretones  y heridas, su camiseta tenía manchas de sangre.
—Dios mío, Carsten, ¡Estás herido!— dije mientras me lanzaba a él para abrazarlo.
Respondió a mi abrazo con dificultad, al parecer sentía mucho dolor.
—Y todo es por mi culpa— susurré
Me besó en la frente.
—No, no es tu culpa—
—Ven conmigo— le dije mientras lo tomaba de la mano para conducirlo a la casa de los Ankh. 
Una vez ahí dentro, cerré todo muy bien. Encendí una tenue luz para no llamar la atención de la prefecta y busqué lo necesario para curar a Carsten.
Le quité lentamente la chaqueta y la camiseta. Su perfecto cuerpo estaba más maltratado de lo que imaginaba.
Encontré un botiquín de primeros auxilios. Humedecí un trozo de algodón con alcohol, lo pasé por los arañazos de su pecho. Apretó los parpados en señal de dolor.
—Sabes que van a matarte cuando se enteren que estuve aquí— dijo
—No importa, sólo quiero que estés bien— respondí mientras continuaba limpiando sus heridas.
Por más dolor que pudo haber sentido Carsten no se quejó. Sus heridas empezaron a cerrarse.
Acaricié su cabeza.
—Eres un buen chico, muy valiente— dije
Me tomó entre sus brazos con brusquedad mientras me besaba apasionadamente apretándome contra su pecho desnudo. Me quitó la chaqueta, enseguida mis alas brotaron de golpe.
—No sabes la falta que me hacían tus besos— dijo mientras recorría mi cuello con sus labios.
Suspiré y me aferré con fuerza a su espalda.
Carsten continuó quitándome la ropa. Logró deshacerse de mi camiseta que ya estaba semi rota por la salida intempestiva de mis alas. Los besos siguieron y siguieron mientras la pasión se encendía más y más entre nosotros. Imaginaba lo que iba a pasar después pero no me preocupaba, los ángeles y demonios adolescentes no pueden reproducirse hasta cierta edad en la que completan su desarrollo físico y  aprendizaje. Aun así las relaciones íntimas eran un tema tabú. Era algo mal visto y en este caso mucho peor, entregarse a un demonio.

Carsten me  llevó hacia la alfombra de piel de la casa club cargada en sus brazos. Sus ágiles manos se deshacían del resto de mi ropa y yo me las ingeniaba para desatar la correa de sus jeans raídos. Sus alas, negras e imponentes, salieron también de su espalda. Sus manos recorrían libremente mi cuerpo, sentí un placer incontenible. Mis dedos se enredaron entre su larga y suave cabellera, mientras el me besaba cada vez con más y más pasión con la respiración entrecortada, jadeante.
Todo era perfecto, no quería que ese momento terminara jamás, sólo quería entregarme a él por completo... 



Y así sucedió. Mi primera vez, para siempre, con Carsten…

Continúa en el capítulo 15! pincha aquí para leerlo!

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