sábado, 17 de diciembre de 2011

CAPÍTULO 1

SAMANTHA
"Odio este lugar con todas mis fuerzas, sus estúpidas reglas me tienen al borde de la locura. Sólo hay dos razones por las que sigo aquí, dos personas a las que tengo que proteger más que a mí misma y él. La necesidad de estar cerca suyo me tiene atrapada en este reclusorio"


LA BIENVENIDA

El primer día de escuela de este año se veía igual que siempre, dentro de los mismos parámetros y la misma monotonía absurda. Caía sobre Blast Ville el otoño y una leve ventisca fría se sentía en el ambiente. Afortunadamente antes de bajar del tren, envolví alrededor de mi cuello una gruesa bufanda de lana verde oscura. Mi fina chaqueta de jean azul no me calentaba lo suficiente, si no entraba ahora empezaría a temblar.
Resultaba un poco difícil caminar arrastrando las tres maletas enormes que llevé a París. Llegué a la escuela luego de un largo recorrido en taxi desde la estación de trenes, tenía las piernas casi  adormecidas y los ojos a punto de cerrárseme. Una vez más me quejé de la lejanía de la escuela.
Por mucho que extrañara este lugar y todas sus comodidades, volver no era emocionante, al menos para mí no.

Al entrar por la puerta principal y andar por uno de los pasillos me encontré con muchos conocidos que me dirigían un saludo rápido y continuaban su camino, algunos decían mi nombre, otros simplemente movían la mano derecha o me dedicaban una sonrisa. Tanta gente andando por aquí y por allá me confundía un poco, por no decir demasiado.
—¡Sam! ¡Al fin te encuentro!— gritó frente a mí Gaby, una de mis mejores amigas, uno de los pocos productos rescatables en esta pequeña y plástica sociedad estudiantil.
Se veía radiante como siempre. El cabello rubio, liso y sedoso hasta los hombros, su sonrisa perfecta, un vestido floreado ceñido y unos zapatos de tacón propios de su estilo femenino.
—¡Gaby!  ¡Te extrañé tanto! ¡No sé cómo pude pasar estas vacaciones sin ti!— le dije abrazándola con una mano y olvidando tras de mí las maletas.
—También me hiciste falta. ¡Tenemos que ponernos al tanto de todo! ¡Andando! — me dijo a la vez que tomaba una de mis maletas con la mano derecha y con  la otra tiraba de mi brazo.
Al pasar por el área que nos llevaba a la parte central del internado nos cruzamos con los dos grupos más populares de la escuela: las porristas y los chicos de "la orden de Ankh".
Los Ankh, los cuatro chicos más adinerados y más guapos  de la escuela, descendientes de un grupo elitista formado quizás desde hace cientos de años atrás por algún miembro de sus respectivas  familias. No hay testimonios de que la organización original siga activa, pero dentro de la escuela los chicos quisieron continuar el legado de sus familiares y le dieron, a mi parecer, un significado banal, aun así eran reconocidos y admirados, y claro ¡Cómo no reconocerlos! si llevan pendiendo en el cuello su llamativo símbolo: la cruz ansada en oro reluciente. Sus padres ocupan cargos importantes en "sociedad" y creo que por eso aquí les dan trato de reyes. Nadie sabe exactamente qué hacen, es un secreto.
Los Ankh caminaban por el lugar como si fueran un cuarteto de dioses griegos, parecía que la multitud guardaba silencio al verlos pasar, conteniendo el aliento al contemplar a tan perfectas criaturas.  Por detrás de su pequeña formación venía Marco Arturo Gonzáles, el hijo del dueño del periódico local y capitán del equipo de soccer. Sus ojos verdes y su cabello casi anaranjado traían muertas a las chicas, sobre todo a las de octavo año. A su lado, Juan Esteban Fernández alias "Juanes", tal vez él más normal del grupo; aunque se creía todo un semental en realidad es el payaso  entre los cuatro, sus padres son accionistas mayoritarios en la bolsa de valores. Es de estatura media, cabello oscuro y rasgos latinos. Hay que recalcar que es completamente bobo con las materias pero bastante hábil para el ajedrez. En frente iba Arnold Jhonson, el guapo chico de cabellos dorados, recién llegado de Estados Unidos, adquisición de estreno en el grupo luego del traslado de Alain Cooper a otra escuela. Aunque aún no teníamos demasiada información sobre Arnold  bastaba ver su ropa y el Rolex en su muñeca derecha para saber que manejaba mucho dinero. Lo más llamativo en él es su corte de cabello casi totalmente afeitado a un lado, por lo general en la escuela no permiten extravagancias en nuestra imagen, pero por lo visto hay excepciones. Y por último; el más importante para mí; el único Ankh que me interesa: Alonzo Moretti,  de ascendencia italiana, con una sonrisa y unos labios que alborotarían a cualquiera. Para mi él era el más guapo de toda la escuela, él único. Sus ojos color miel se clavaron sobre mí de inmediato cuando pasó por mi lado y detuvo su andar.
—Es bueno verte de nuevo Samantha— me dijo con su melódica voz mientras intentaba no retrasar al resto del grupo. Sus amigos marcaron una pequeña distancia con él pero no la suficiente como para no oír nuestra conversación.
Mi corazón estuvo a punto de detenerse ante su presencia, disimulé.
— ¡Qué desgracia que aún sigas en la escuela!— le dije.
Me dio una gran sonrisa.
—No has cambiado nada—  agregó sin alterar su buen humor.
—Creí que tus padres te enviarían a un internado en Boston, con Alain.
—Son sólo rumores, seguiré aquí todo el tiempo que me plazca— dijo muy fresco.
—Alonzo, ¡Apúrate! ¡No alcanzaremos rosquillas de bienvenida!— le dijo Juanes con tono burlón, tal vez sólo por interrumpir nuestra conversación. Le fulminé con la mirada, lo notó y volteó los ojos hacia otro punto haciéndose el inocente.
—Parece que continuaremos nuestra conversación más tarde— alcanzó a decirme Alonzo antes de dar media vuelta y unirse nuevamente a su grupo.
Casi termino cegada por el brillo de su cabello castaño, con ligeras ondas ¡Irresistible! Alonzo no sólo es el líder de los Ankh, también es el presidente de la sociedad de alumnos, el mejor alumno de la escuela y probablemente el chico con más admiradoras dentro de los Ankh. Los últimos rumores que me llegaron vía mensajes de texto al móvil decían que Arnold y él empezaban a "pelearse" sobre el tema de las admiradoras.
Se alejó lentamente de mí, con ese andar despreocupado y encantador propio sólo de él.
—Parece que ver a Alonzo te deja muda— interrumpió Gaby.
Me había olvidado de su presencia hasta que ella rompió el silencio.
—Estás loca, ¿Alonzo? ¡Por favor!— dije fingiendo.
No podía contarle sobre mis sentimientos a Gaby, en realidad nadie debe saber que amo en secreto a Alonzo desde siempre.
—Tú me estás ocultando algo— dijo ella plantándome una mirada escrutadora.
¡Maldición! Me conoce demasiado bien.
—No, para nada— respondí con total seriedad para sonar creíble.
Nuestra conversación se vio interrumpida al notar las miradas insoportables de las porristas,  sus sonrisas falsas, sus expresiones, claramente hablaban sobre nosotras.
— ¿Qué pasa "Barbie"? ¿Nunca viste a alguien normal? — le dije a Tatiana, la capitana del grupo.
— ¡Es que me da pena ver a alguien poco agraciado como tú!— respondió ella salpicándome su veneno imaginario.
—En cambio nosotras somos perfectas—  agregó Alejandra mientras rozaba sus torneadas piernas con las manos.
Las miré con una mueca de asco. ¡Son insoportables! Se rumorea una posible unión romántica entre las porristas y los Ankh. No podía aceptar que Tatiana, que al igual que yo gusta de Alonzo a diferencia que lo suyo es notorio,  estuviera tan cerca de él todo el tiempo que quisiera. En cambio yo, tenía que alejarme de él tanto como podía para no levantar sospechas.
—Vámonos chicas, dejemos a los patitos feos lamentarse— agregó la mencionada mientras su séquito la seguía con dirección a la cafetería.
—¡De verdad no las soporto más!— comenté con Gaby.
—¿Es un mal momento?— preguntó Patty uniéndose a nosotras.
El trío estaba completo.
—¡Claro que no! ¡Bienvenida al planeta de plástico otra vez!— dije en son de broma.
—¡Patty! ¡Te tardaste demasiado!— le dijo Gaby dándole un fuerte abrazo.
—Este año haremos de las nuestras— agregó Patty mientras nos rodeaba con sus cortos y delgados brazos.
—Sí, ya lo creo— dije sonriendo con un poco de malicia, ya quería poner en su lugar a Tatiana.
—Ya es hora de que Patty y yo consigamos novio— dijo Gaby sonriendo pícaramente.
 —Por cierto ¿Qué pasó con Anthony?— me preguntó Patty.
Como por arte de magia y con sólo mencionarlo, el susodicho apareció bajando unas escaleras cercanas. Mi mirada cayó directamente sobre sus ojos melancólicos.
—Nos dimos cuenta que funciona mejor como amigos— respondí a la pregunta de Patty bajando la vista. Aún no me sentía capaz de verlo de frente y aceptar que lo lastimé con nuestra ruptura.
Los chismorreos fueron interrumpidos por la voz de la secretaria en el altavoz.
—A todos los alumnos: Por favor diríjanse al auditorio para la bienvenida del director, siéntanse como en casa, bienvenidos a Blackmount.
Patty también me ayudó a llevar una maleta, aún con sus delgadísimos brazos logró jalarla con facilidad, a veces su cuerpo tan delgado, su baja estatura, sus rasgos tan finos, me hacían pensar en ella como una frágil muñeca de porcelana más que en una de mis mejores amigas.
Las tres caminamos en medio del gentío para ocupar nuestros asientos de costumbre, dos filas atrás de las porristas y en diagonal a los Ankh. Desde ahí tenía vista perfecta para ver a Alonzo conversando con sus amigos.
Una vez ahí el director Dalton comenzó el discurso de rutina, presentó a los nuevos maestros, a la nueva prefecta que se encargaría de cuidar la disciplina (Y tal vez ser mi nueva enemiga) la señorita Carmen Buenaventura, el nuevo maestro de química, etcétera, etcétera. ¡Aburrido!
No hacía más que mirar a Alonzo, hasta que por casualidad volteó en mi dirección y me pilló, sonrió con ganas y retomó la conversación con Arnold. Mis mejillas se encendieron momentáneamente, por fortuna las chicas no lo notaron, respiré hondo y retomé el control de mis emociones.
El director pidió unas palabras de parte del presidente de la sociedad de alumnos, Alonzo subió al estrado en medio de los aplausos y piropos de las chicas, él sólo sonrió complacido. Su cabello castaño ligeramente desordenado le daba un aire travieso a su personalidad tan seria, algunos mechones caían sobre su frente rizándose hacia afuera en el área de las puntas, su rostro de expresión amable se veía radiante, sus pómulos ligeramente prominentes y sonrosados le daban un aspecto aún más adorable… en conclusión un completo Adonis, cada vez que lo veía no podía dejar de pensar en todas las cualidades que lo hacen tan encantador.
—Quiero dar una cordial bienvenida a los alumnos que se integran este año a nuestra familia y recibir con cariño a los viejos amigos. Nos espera un año lleno de retos y actividades por realizar. Sólo les pido que dejen atrás sus miedos y por fin se decidan a luchar por lo que realmente quieren—  dijo.
Por una extraña razón me miró fijamente al pronunciar la última frase.
—En conclusión, bienvenidos todos.
Terminado su discurso recibió la misma ola de aplausos de parte de todo el público al regresar a su lugar. Yo seguía sin comprender el porqué del último acontecimiento, decidí dejarlo en el cliché de "simple coincidencia".
Terminada la actividad en el auditorio nos dirigimos a la capilla de la escuela donde se llevó a cabo el tradicional servicio de inicio del año escolar, en varias oportunidades estuve a punto de caer dormida pero di mi mayor esfuerzo por mantenerme en pie.
Terminado todo ello, nos dirigieron al patio posterior ubicándonos por años de estudio para la repartición de horarios y otras cosas más referentes a la escuela.  No somos demasiados alumnos, este es un internado exclusivo.
La maestra de biología pasó la lista de mi clase.
—Tatiana Avendaño, Rosalie Brown, Juan Esteban Fernández,… Gaby García,… Estefano Miller…, Patty Martínez… Samantha  Oliveira.
Levanté la mano para registrar mi asistencia, aunque era casi imposible que pasara desapercibida, los maestros y todo el personal encargado de velar por la disciplina en el internado me conocen a la perfección, soy la revoltosa número uno desde hace un par de años.
Alonzo, Arnold y Marco Arturo estaban en la otra sección (por desgracia) siempre quise saber cómo sería tenerlos a todos juntos en la clase. ¿Les darán privilegios? Sobre todo: ¿Cómo sería Alonzo en clases? ¿Cómo se comporta con las compañeras? ¿Y cómo…
—¡Sam!  ¡Vuelve a la tierra!—  gritó Patty sacudiéndome por los hombros.
Parpadeé varias veces para salir de mis pensamientos.
—¿Pasó algo interesante?— pregunté intentando ocultar mi distracción.
—¡Juan Esteban está  en medio de una charla íntima con  Gaby!— dijo emocionada.
Me alegré por ella,  a Gaby siempre le gustó Juanes, la verdad los dos harían una linda pareja.
Volteé en dirección a los mencionados para echarles un vistazo curioso, pronto tuve una ligera visión del futuro sobre ese par. Respiré hondo para reponerme rápidamente sin que Patty lo notara. Estas dichosas visiones me atacan repentinamente y son incontrolables, son mi gran secreto.

¡A veces todo sería muy sencillo si no fuéramos ángeles!  


Continúa en el capítulo dos, pincha aquí para leerlo!

6 comentarios:

  1. primer capitulo y de frente con el Segundo esta historia ya me ah atrapado! me gusta

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  2. Alain!! Me gusta como quedó. Ahora voy derechito a devorarme el segundo.

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  3. Hola! Vengo desde el diario de Meg. Acabo de empezar a leer esta historia y ya me ha enganchado! Ahora me leeré el segundo cap.

    Beesos!

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    Respuestas
    1. Gracias Lucía!! espero verte por aquí también :)

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