lunes, 19 de diciembre de 2011

CAPÍTULO 5

PELIGRO

Carsten y yo caminamos por  todos los pasillos, cada vez me gustaba más y más Whitemount, sería difícil salir de aquí sin tener ganas de volver, este castillo tiene todo lo que alguna vez pude desear.
—Debo darte las gracias por ayudarme con esta locura— dije deteniendo mi andar para poder verlo a los ojos.
—No es nada Sam, yo debo agradecerte por hacerme pasar un día divertido y por hacerme sentir…
—¡Carsten! ¡Qué sorpresa encontrarte por aquí!— le dijo un hombre que se unía a nuestra conversación.
Claramente Carsten se puso un tanto nervioso.
—Marcel, él es el director de Whitemount, Theodor Humbolt— dijo presentándomelo.
¿El director? Mi temperatura bajó de inmediato ante el inminente temor. Saludé al hombre con un movimiento de cabeza, evitando el apretón de manos típico.
—Así que este es tu famoso primo Marcel, toda la escuela habla de él— dijo el hombre mirándome de pies a cabeza.
Casi me pongo a temblar. Es el fin, él va a descubrirme, me dije en mis adentros.
—¡Bienvenido a Whitemount muchacho!— agregó mientras me palmeaba bruscamente la espalda.
Me quedé sin aire y empecé a toser, Carsten me ayudó a recuperarme acariciando levemente mi espalda.
Aquel hombre no parecía para nada el director de la escuela, se ve demasiado informal, bordea tal vez los cuarenta años. Se ve muy bien al igual que todos los demonios de la escuela, cabello castaño rizado  y peinado hacia atrás, gafas a medida, mirada cálida, parece amable.
—Pasen a mi oficina por favor— dijo el director.
Estuve a punto de hacerme pipí encima, Carsten se acercó a mí y me susurró al oído.
—Todo estará bien, mantén la calma.
Carsten abrió la gran puerta de madera de la dirección, esperó a que Theodor y yo entráramos antes de cerrarla a sus espaldas casi sin emitir sonido alguno. Theodor tomó asiento tras su escritorio, nos invitó a sentarnos en unos cómodos sillones frente a él.
Traté de imitar los gestos de Carsten, sentarme con las piernas abiertas y los brazos cruzados sobre el pecho, él soltó una pequeña risotada ahogada al verme imitarlo, se cubrió la boca con una mano para ocultar su sonrisa. Me sentí ridícula pero continué con la imitación.
La dirección tiene mucho estilo, hay una armadura completa a la izquierda sobre una base de madera, me resultó muy interesante, está muy bien conservada. Detrás de Theodor hay una ventana desde la que se podía ver parte de Blackmount como si fuera una maqueta, pequeñísima, no podía creer lo lejos que estaba de mi escuela.
—Y dime Marcel, ¿Estás pensando transferirte a la escuela?— me preguntó el hombre sin quitarme los ojos de encima.
Estuve a punto de responder pero las palabras salieron de otro cuerpo.
—Marcel está en la escuela pública de Blast Ville por ahora, sus padres están considerando enviarlo aquí. Es un muchacho rebelde— dijo Carsten.
Le dediqué una sonrisa cargada de odio, le estaba creando mala fama a mi personaje.
—¡Qué interesante! Dime ¿Te es normal relacionarte con humanos o aún tienes ciertos problemas?— me preguntó Theodor mirándome fijamente.
Al parecer empezaba a sospechar. Nuevamente Carsten respondió por mí.
—A veces no puede controlarse del todo.
—¿Tu primo es mudo?— preguntó el director.
Casi me echo a reír, contuve las carcajadas en mi interior con mucho esfuerzo.
—No. Está operado de las cuerdas vocales, el doctor le ha prohibido emitir sonidos durante los primeros días,  si es que quiere seguir siendo el vocalista de su banda.
¿Rebelde  y cantante? Marcel empezaba a caerme bien.
—Veo que no eres el único artista dentro de tu familia— le dijo el director a Carsten, parecía muy contento por ello. 
¿A qué se refiere? Miré a Carsten extrañada.
—Bueno, estoy seguro que para Marcel fue un placer  conocerlo. Ya es hora de irse, lo acompañaré hasta afuera— agregó mi  "primo"  mientras me jalaba para ponerme de pie.
—Adiós Marcel, te estaremos esperando— dijo Theodor.
Le dediqué una sonrisa discreta.
Carsten y yo salimos de la dirección y nos alejamos varios pasos antes de comenzar a hablar.
Me quité las gafas, solté un suspiro de alivio y lo miré con los ojos muy abiertos, tratando de hacerle notar el inmenso pánico que sentí al estar ahí dentro.
—¡Qué día!— dijo él, al parecer sintió un gran alivio al salir de la dirección, al igual que yo. 
—¡Pensé que no saldríamos con vida! por un instante vi tu cabeza rodar por el suelo luego de pasar por la guillotina fue tan…tan...
—¿Trágico?— interrumpió.
—Sí, eso no me gustaría— respondí con tristeza.
—Respóndeme algo, ¿En serio te importa lo que me pase? ¡Acabas de conocerme!— preguntó.
Me puse las gafas de nuevo y lo miré.
—Siento que te conozco de toda la vida, además ¿Cómo no va a interesarme mi querido primito?— dije pellizcándole la mejilla.
Rio complacido. Sé que es extraño, pero así lo sentí desde un primer momento. Toda una vida. En ningún instante sentí miedo hacia él, al contrario, su presencia me hacía sentir en calma, como si lo conociera desde hace mucho.
Salimos de Whitemount caminando como si nada, empezaba a sentirme cómoda entre ellos, este lugar es demasiado acogedor, ¡No me iría de aquí nunca!
Carsten me acompañó hasta la barrera de piedra del perímetro, continuamos conversando sobre nuestro corto pero alocado día juntos.
—¿Disfrutaste tu aventura?— preguntó.
—Claro que sí, aunque al principio pensé que no sobreviviríamos, al final todo resultó de maravilla— dije.
Empecé a quitarme la ropa de Carsten para devolvérsela, no se movió de su ubicación, se quedó ahí mirándome fijamente.
—Puedes conservar la sudadera— dijo  y me la entregó.
 —Gracias— la tomé en mis manos como si fuera un objeto preciado.
—Prométeme algo, no considerarás la idea de trasladarte aquí. Olvida lo que dije al respecto— me pidió.
—¿Por qué? Parece buena idea—  pregunté confundida.
—No puedo permitir que ingreses a Whitemount, ahora puede parecerte un paraíso, pero una vez dentro todo cambia. No me gustaría eso para ti, además tu naturaleza es ser un ángel, no sobrevivirías un día aquí en medio de tanta maldad. Olvida lo del traslado.
—¿Y si no quiero olvidarlo?
Se acercó hacia mí. Tomó mi rostro entre sus manos bruscamente.
—Quiero que estés a salvo. Sé que te acabo de conocer pero tu presencia me hace bien, me gusta. Quiero protegerte— dijo casi en un susurro.
Me quedé helada sin saber qué hacer.
—Dentro de unos días habrá un baile en Whitemount, ¿Quieres ir conmigo? Será una cita— preguntó aún sin liberar mi rostro.
Asentí de inmediato, no hay forma de resistirse a esos hermosos ojos.
Sonrió.
—Hora de volver a casa, angelito— dijo a la vez que me soltaba.
—Espero verte pronto— le dije.
—Así será, piensa en mí.
—¿Y Cómo no hacerlo?
Le dediqué una sonrisa antes de partir.
Respiré hondo para abandonar el "planeta Carsten" y todas las sensaciones increíbles que implica. Amarré firmemente la sudadera a mi cadera, expandí mis alas y  eché a volar de regreso a Blackmount con una enorme sonrisa en el rostro, las cosas no podían mejorar tanto. ¿Una cita? ¡Ya quiero ver qué pasa!
Tanta emoción evitó que me diera cuenta que alguien nos espiaba desde los arbustos.

Continúa en el capítulo 6! pincha aquí para leerlo!


2 comentarios:

  1. Aww Carsten! jajaj me imaginé a Sam mirando a C en la dirección e imitándolo muy torpemente xD

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    1. jaja momento épico, uno de mis favoritos

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